Guillermo Lasso: “El conspirador contra Correa, se llama Correa”

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Esta es la primera de una serie de entrevistas que Ecuadorreview hará con los principales personajes políticos de Ecuador.

También usted ha sido acusado por el gobierno de golpista. ¿Quiere que el presidente Correa deje el cargo antes de cumplir su período, en mayo de 2017?
He sido claro al decir que hay un conspirador contra el gobierno de Rafael Correa; y ese conspirador se llama Rafael Correa. Él, en su Mensaje a la Nación el 24 de mayo de 2015, dijo que es partidario de la democracia confrontativa. Él planteó una guerra a la sociedad ecuatoriana y, a partir de ese momento, la sociedad ha estado en un ambiente de crispación.

HOJA DE VIDA:
Guillermo Lasso es un autodidacta. Empresario, ex banquero, principal accionista del Banco de Guayaquil, fue candidato a la Presidencia en Ecuador en 2013 y quedó en segunda posición. Rafael Correa ganó en la primera vuelta. Actualmente, Lasso es el líder del partido CREO y, según los sondeos, el mejor opcionado de la oposición. Rafael Correa cumplirá, en 2017, una década en el poder.

¿Y por qué Correa conspiraría contra sí mismo?
Rafael Correa conspira contra su gobierno porque él busca caerse, él busca la interrupción constitucional.

¿Con qué objetivo?
Él sabe que como es un mal administrador ha llevado a Ecuador a una crisis económica de la cual –bajo su visión– es muy difícil salir. Él quiere que lo saquen para irse fuera del Ecuador y decir, a manera de víctima: me botaron; no me dejaron concluir. Él no sabe arreglar el problema económico que creó. Por eso con la misma firmeza que me opongo a las malas políticas públicas del presidente Correa, defiendo el derecho que tiene de gobernar hasta el 24 de mayo de 2017.

Las protestas callejeras en Ecuador confluyen en un lema: ¡Fuera, Correa, fuera! ¿Cómo lo interpreta usted?
No estoy de acuerdo con esa frase. Estoy de acuerdo con la institucionalidad, con el respeto al período constitucional. Estoy en la línea de exigir a Correa que arregle el problema de la economía ecuatoriana. Y si no la arregla, que quede para los libros de historia la cara y el sello de Correa en esta crisis que él creó.

¿Pero qué le hace pensar que el mandato de Correa terminará en 2017 y no se prolongará hasta el 2021?
Soy el primero que salí a la opinión pública a decir que no podíamos permitir la reelección indefinida. El movimiento CREO y yo promovimos el colectivo “Compromiso Ecuador”, que reagrupa más de cien organizaciones y actores políticos, y se opone a la reelección indefinida. Queremos que el pueblo, en las urnas, decida si quiere o no reformar la Constitución. Hemos ido a las calles y ahora el 82% del pueblo está de acuerdo con la Consulta Popular.

Pero el Presidente tampoco escucha lo que dicen los sondeos.  ¿Qué lo lleva a pensar que ahora cambiará?
No, el Presidente no va a escuchar. Tampoco escuchará en la Ley de Herencias o en la Ley de Plusvalía. Él cree que si rectifica en decisiones equivocadas me está dando gusto a mí y a otros actores de la política ecuatoriana. Él no quiere reconocer que el pueblo ecuatoriano está cansado con sus políticas abusivas en materia económica y también política.

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Si el Presidente no escucha, ¿cuál cree que  debe ser el perfil de la oposición hasta 2017?
Yo soy un demócrata. Y con la convicción que digo que Correa debe gobernar hasta mayo de 2017, digo que me opondré a su deseo de reformar la Constitución para perennizarse en el poder. No es democrático. Eso viola un valor esencial que es la alternancia en el poder. Reconozco que dentro de este marco, la lucha es muy difícil porque Correa no respeta los principios democráticos. Un principio es el diálogo, la búsqueda de acuerdos en que uno debe, en un momento, renunciar a algo en beneficio de un fin superior que es la paz social.

En ese punto, el Presidente dirá que acaba de plantear un diálogo y que ha dado órdenes a sus ministros para que debatan en sus sectores.
Ese es un diálogo falso porque en el mismo momento en que plantea un diálogo, él escucha las conversaciones privadas e interviene los correos electrónicos de los opositores. En vez de rectificar, él actúa con violencia verbal y con actitudes violentas. Correa entiende el diálogo como una conversación con una persona que hará lo que él quiere. Eso no es un diálogo.

Guillermo Lasso durante un encuentro de juventudes de CREO. Foto: Flickr de Guillermo Lasso

Guillermo Lasso durante un encuentro de juventudes de CREO. Foto: Flickr de Guillermo Lasso

¿Entonces, usted no participará en él?
No, ¿cómo voy a participar en él si el Presidente no acepta mi invitación a debatir? Le planteé un debate con ocho puntos muy concretos que son los que afectan en este momento al pueblo ecuatoriano. Los menciono: haber quitado el fondo de censatías a los maestros. Eliminar la obligación del gobierno de aportar el 40% a las pensiones jubilares. Poner un techo al reparto de utilidades para los trabajadores privados. La Ley en las Galápagos que reduce salarios en una isla donde el costo de vida es superior al del continente. Las cocinas de inducción: ¿cómo es posible que se haya creado un impuesto del 100% a las cocinas de gas? ¿Cómo es posible que él y sus cien asambleístas resuelvan, por enmiendas constitucionales, cambios que deben consultar al pueblo?

Usted reconoce que el Presidente ni escucha ni cambia. La pregunta sigue vigente: ¿Qué piensan hacer?
Hay que luchar, hay que insistir. ¿Hubiera imaginado usted a Nelson Mandela diciendo que no está de acuerdo con el apartheid, que es imposible vivir con el apartheid pero que como ya lo dijo una vez, no puede decirlo diez veces? No, él se dedicó a luchar.

¿Qué significa, en su caso, luchar contra el correísmo en este momento?
Luchar significa lo que digo en esta entrevista. Significa decir en todos los medios de comunicación que me lo permiten, el punto de vista de la sociedad ecuatoriana respecto de los abusos de Correa contra la democracia, contra la familia ecuatoriana, contra la libertad. Significa también ir a las calles, como lo he hecho. Y seguiremos yendo porque la Constitución reconoce la existencia de una oposición y dice que esa oposición no puede ser perseguida, no puede ser acosada que es lo que hace Correa conmigo y con aquellos que pensamos diferente a él.

La oposición está muy dividida. En las calles, franjas de manifestantes han reclamado unidad. ¿Cuál es su respuesta?
La unidad es un valor, no un fin en sí mismo. En este momento la unidad debería permitirnos recuperar la neutralidad de la cancha para rescatar la democracia. Una democracia que no sea la propiedad de una persona o de un proyecto político. Una vez que recuperemos la democracia y que la cancha sea neutral, cada uno podrá jugar en el equipo de su preferencia, con las ideas que quiera defender y presentarse en elecciones libres.
Yo promuevo esa unidad desde la creación de “Compromiso Ecuador” para defender que sea el pueblo el que decida en las urnas si quiere la reelección indefinida. Hay otra unidad que se creó con un propósito electoral para el 2017. A ellos, les respondí que la democracia se defiende ahora porque es ahora que está en peligro.

Pero ¿sigue pensando que la unidad de la oposición solo se dará en su colectivo, “Compromiso Ecuador”?
No, pero quisiera terminar mi respuesta. Los alcaldes de Guayaquil y Quito y el prefecto del Azuay se juntaron para una unidad con propósitos electorales para el 2017. Así lo dijeron. No me invitaron; sus razones tendrán. Es evidente que ellos no quieren que yo esté en esa unidad. Yo estoy a favor de la unidad y no excluyo a nadie. Pero hay una convocatoria que me excluye, al igual que a otros ecuatorianos.

Algunos piensan que usted quiere la unidad pero a condición de que los otros se sometan a su candidatura a la Presidencia en 2017.
Hace tres semanas llamé a la la unidad a todos los sectores políticos del país y con nombre y apellido me referí a los actores políticos de la unidad de Cuenca. Les dije que debemos reunirnos y hablar de la unidad, no con fines electorales sino para defender ahora la democracia, la familia ecuatoriana que está siendo golpeada y la paz social que se ha perdido. Eso nos debe preocupar a todos en este momento.

¿Le han respondido?
No hay una sola respuesta. Hablé personalmente con el alcalde de Quito y tampoco él da una respuesta a mi planteamiento.

¿Cuál es la agenda de la convocatoria que usted les hace?
Los mismos ocho puntos que planteo a Correa para un debate. Soy favorable a una unidad que busque una salida nacional; no para favorecer a una persona. Soy favorable a la unidad alrededor de un programa que no esté hecho con una sola visión. Soy favorable a una alianza donde no domine nadie y que busque recuperar la democracia y la libertad.

¿Considera que en ese diálogo deben estar grupos que tienen agendas paralelas: ecologistas, minorías sexuales…?
Caben todos. Los Yasunidos y aquellos grupos sociales que les preocupa que el gobierno asuma la planificación familiar. No estoy de acuerdo con el Enipla. La responsabilidad de la planificación familiar mientras los hijos son menores, corresponde al padre y a la madre. Y cuando son mayores de edad, cada uno debe asumir su vida. No puede ser el gobierno que se meta a decidir cómo se administra la familia ecuatoriana.
El problema de Correa es que a partir de 2013 cuando él ganó la elección y logró la mayoría en la Asamblea, se volvió más prepotente y más odiador. Por tener la mayoría, cree que tiene la llave de propiedad del Ecuador y puede hacer lo que le da la gana. No puede imponernos, mucho menos a patadas, su visión personal de la sociedad.
 
Algunas voces de la oposición dicen que el punto clave es oponerse a los cambios de la Constitución que el gobierno quiere hacer como simples enmiendas en la Asamblea…
Estoy de acuerdo. Lo mínimo que debemos hacer es unirnos alrededor de una Consulta Popular para que sea el pueblo el que resuelva en las urnas si quiere o no el abuso indefinido de Correa. Hoy la vía democrática es impulsar una consulta sobre la reelección indefinida.
Correa plantea la redistribución de la riqueza cuando la mayoría de ecuatorianos planteamos la redistribución del poder que hoy está concentrado en un porcentaje mínimo de la población que pretende abusar de la gran mayoría de ecuatorianos.

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