Los espías de la CIA que Correa promocionó en Ecuador

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El gobierno ecuatoriano acaba de dar el mayor golpe, jamás recibido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA): más de 20 de sus agentes fueron puestos en evidencia, el 6 de junio en Ecuador, en un documental de la cadena chavista Telesur. El gobierno ecuatoriano puso todo su aparato de propaganda para promocionar esta revelación. El propio Presidente saludó en su cuenta de Twitter el trabajo de ese canal y dos días después evocó el tema en una rueda de prensa con los corresponsales de la prensa extranjera radicados en Ecuador.

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Con tal revuelo, se esperaba que el gobierno ecuatoriano protestara vivamente ante Washington, llamara a su embajador, expulsara al de Obama, metiera presos a esos agentes vendidos a una potencia extranjera y, además, convirtiera este hecho, tan grave para la estabilidad del gobierno, en el tema central de la intervención de 4 horas que hace todos los sábados. Nada de esto ocurrió. Correa ni siquiera mencionó el tema en ese show mediático.

La razón es sencilla: la revelación del gobierno causó hilaridad en las redes sociales y ni siquiera sus asambleístas, tan dados a amplificar las campañas del gobierno, se hicieron eco de este burdo montaje del canal chavista. La supuesta denuncia involucra a los medios digitales que no están cobijados por la Ley de comunicación. No es una casualidad: esos medios (4pelagatos, Plan V, Focus, Mil Hojas), han publicado denuncias de corrupción y despilfarro evidente en un gobierno que cumple una década en el poder. En la lista figuran organizaciones de la sociedad civil como Fundamedios y Participación Ciudadana que el gobierno, algunas veces, ha querido disolver. Fundamedios por su labor en favor de la libertad de expresión y prensa en Ecuador; Participación Ciudadana, en particular, por el monitoreo de la publicidad oficial, su veeduría y conteo rápido en los procesos electorales.

Telesur creó supuestos nexos entre esos medios digitales, organizaciones de la sociedad civil, activistas, algunos políticos y ex banqueros que viven en Estados Unidos –acusados del feriado bancario hace casi 20 años– para desestabilizar al gobierno. Todos aupados por la CIA. La trama de la supuesta investigación del canal chavista está montada en el peor estilo de la guerra fría. Un periodista de 4pelagatos, Martín Pallares, viaja a Washington para presentar su caso de despido de un diario quiteño (por un comentario que hizo en su cuenta personal de Twitter) en la CIDH. Va al Senado y al Congreso de Estados Unidos. Conclusión de Telesur: 4pelagatos es financiado ahora por agencias de Estados Unidos relacionadas con la CIA.

Una periodista y activista política, hija de un expresidente de Ecuador, Martha Roldós, es acusada de haber tenido contactos en Washington con Open Society Foundation y la National Endowment for Democracy (NED) para financiar un sitio en Internet. También ella es espía porque esas fundaciones y organizaciones (incluida Usaid) hacen parte del mecanismo que tiene Washington para tumbar “los regímenes progresistas” de América Latina.

En ese documental no podía faltar, por supuesto, la conexión entre Fundamedios, Participación Ciudadana, medios digitales y algunos políticos. Gustavo Larrea, ex ministro de este gobierno, almuerza en un restaurante quiteño con dos funcionarios de la embajada de Estados Unidos. Las cámaras de los medios gubernamentales los vigilan. Los esperan a la salida, les preguntan de qué hablaron. El funcionario incluye en su respuesta la campaña política 2017. Ahí está la prueba: están desestabilizando al gobierno.

El alcalde de Quito, Mauricio Rodas, hace parte de una alianza política con el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y el Prefecto de la provincia del Azuay, Paúl Carrasco. Pues bien: Rodas y su hermano se habrían reunido con Víctor Rojas, un ciudadano peruano desconocido en Ecuador, que trabaja para National Democratic Institute de Estados Unidos. La sugerencia basta como prueba. Eso es ese documental: suposiciones, insinuaciones, alusiones, conexiones ficticias, mentiras burdas, medias verdades, y claras calumnias. Esa es la prueba que fue promocionada por el propio presidente Rafael Correa sobre las actividades de la CIA contra su gobeirno.

En Ecuador no hay duda de que esta pieza propagandística hecha por Telesur se hizo con retazos proporcionados por el gobierno ecuatoriano. Retazos que, esos sí, prueban que agencias oficiales hacen seguimiento, espían y fotografían a ciudadanos por el simple hecho de criticar, denunciar o expresar opiniones contrarias a las oficiales. César Ricaurte, representante máximo de Fundamedios, y Martín Pallares fueron fotografiados saliendo de dependencias oficiales en Washington. Martha Roldós en un bar en Ecuador. Estas supuestas pruebas ya habían sido utilizadas, meses atrás, por los troles del gobierno en su trabajo de acoso y desprestigio contra Ricaurte, Pallares, Fernando Villavicencio y otros periodistas de medios digitales.

El documental prueba, igualmente, el nivel al que ha llegado el gobierno de Correa para desacreditar y difamar figuras de las organizaciones sociales o medios digitales que reciben apoyo de ONGs del exterior; hecho que consta en sus propios documentos. Algunos de los altos funcionarios de Correa se beneficiaron en el pasado de las mismas ayudas. Hoy esas actividades democráticas o de control ciudadano son calificadas por el régimen de atentados de la CIA en su contra.

El informe de Telesur prueba que, en su guerra contra la sociedad, el correísmo no teme andar por las alcantarillas. Su adefesio resultó tan evidente que, en apenas cuatro días y luego de haber causado carcajadas en las redes sociales, el gobierno procedió como si esta historia de espías nunca hubiera existido…

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