La realidad atrapa a Correa

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caricatura ChamorroRafael Correa lucía invulnerable. Una inmensa capa de teflón, basada en su popularidad, parecía garantizarle una supervivencia política al margen de todo: de sus ex abruptos. De sus volte-face ante sus antiguos aliados. De su visión estatista años-70 en el manejo económico. De su exiguas preocupaciones democráticas…

Ese teflón se fabricó a la sombra de un barril de petróleo que bordeaba 100 dólares. Con ese maná, el Presidente ecuatoriano y los suyos rehusaron preguntarse por la sostenibilidad política y económica de su modelo. O por las consecuencias derivadas de expandir la masa de funcionarios –alrededor de 120 000 más–, acabar con los fondos de ahorro, disparar los subsidios en vez de focalizarlos, convertir el Estado en único motor de la economía y dificultar la labor del sector privado, arrastrar los pies con los mejores socios comerciales –Estados Unidos y Europa– y, en cambio, extender alfombra roja a las inversiones y préstamos onerosos de la China… El boom petrolero permitió gastar a manos llenas, crear y entretener una base política-electoral complacida con la obra pública –sobre todo carreteras– pero, en un alto porcentaje, ajena a la concentración de poder y a los atentados a los derechos humanos. Tantos dólares ayudaron a los publicistas oficiales a hacer de Correa un salvador supremo y un administrador sin falla dispuesto, incluso, a dar lecciones a Grecia y otros países en dificultades.

Ahora con un petróleo por debajo de los 50 dólares, el correísmo está obligado a volver al mundo real. El panzazo es colosal: el desfinanciamiento del presupuesto 2015 suma entre 12 000 y 13 000 millones de dólares, según Abelardo Pachano, ex presidente de Produbanco y Mauricio Pozo, ex ministro de economía. Es decir, casi un tercio del monto total del presupuesto inicialmente previsto.

Es la primera vez, en ocho años de poder, que Correa encara un factor tan adverso y tan decisivo. Y las señales políticas emitidas muestran que él y su Gobierno han decidido, por ahora, dorar la píldora a sus compatriotas. Las señales han ido tres direcciones.

1. Copar el terreno político: El Presidente se apuró a caracterizar el 2015 como un “año duro, difícil”. Una forma de cortar la hierba bajo los pies de aquellos –analistas o políticos– que ven el hueco presupuestario como el aterrizaje forzoso de un modelo inviable. Para Correa es un bache que sólo durará hasta 2016. Y para que el electorado no tenga la tentación de cambiar de andarivel, el Gobierno se ha dedicado a descalificar, incluso con cadenas nacionales, a aquellos que sostienen lo contrario.

2: Acotar el problema: En su discurso, el Gobierno reduce la cancha y desdramatiza el problema. Correa ha dicho que el peligro mayor está en el sector externo. Eso permite, a él y a su Gobierno, presentar el hueco fiscal como un tema contable que puede ser subsanado posponiendo algunos proyectos de obra pública, gestionando préstamos e invitando a invertir a empresarios externos o locales. En suma, un problema pasajero que, a sus ojos, no refleja el fin de un período de bonanza y el inicio de un ciclo de escasez de recursos.

3. Mostrar que controla la situación: en ese empeño se sitúa el viaje, a inicios de enero, de Rafael Correa a China. Fue presentado como un éxito, a pesar de la poca información dada sobre los contenidos reales de los acuerdos y su ejecución en el tiempo. Internamente los mensajes conducen al mismo punto: se trata de un bache y el Gobierno sabe lo que hay que hacer y lo está haciendo.

¿Correa cuenta con márgenes de maniobra? Sí porque controla todas las instituciones y tiene un arsenal legal que ha venido adecuando a sus aspiraciones. No obstante, tiene un problema: el tiempo. Necesita dinero inmediatamente porque la nueva línea de crédito chino y los recortes presupuestarios anunciados –1 420 millones de dólares– están lejos de cerrar la brecha fiscal para este año. Se suma una crisis externa (déficit de la balanza comercial) y un posible problema financiero.

¿Qué puede hacer además de recortes y alza de algunos aranceles sin tocar los fundamentos de su modelo? Analistas consultados citan posibilidades y temores. Entre las primeras: más recortes, más impuestos y más aranceles… Entre los segundos: usar la liquidez de la banca privada, introducir el dinero electrónico más allá de los límites anunciados por las autoridades (emisión inorgánica), instalar un sistema bimonetario…

Lo cierto es que Ecuador tendrá que ajustarse a las nuevas realidades económicas. Y esto no se hará sin costo político para el Presidente que tiene los ojos puestos en 2017. Imprevisto, el enorme hueco fiscal es una bomba de tiempo en su camino a la reelección que sus asambleístas deben tramitar. Esto a pesar de que las dos terceras partes del electorado quiere, según los sondeos, que la reelección indefinida sea puesta a su consideración en un referendo.

Sin nada nuevo qué ofrecer, como consecuencia de condiciones económicas adversas, Correa entró en una zona de desgaste político que hasta ahora había podido evitar. No se sabe cómo repartirá los “esfuerzos conjuntos” a los que se ha referido, para encarar el fin de la bonanza petrolera. Se les llame ajustes o recortes, esas medidas perfilan un año socialmente tenso en Ecuador. Los acuerdos con la China, por ejemplo, incluyen la explotación de recursos estratégicos (petróleo, minerales…) que se encuentran en zonas habitadas por los indígenas, antiguos aliados del régimen, hoy abiertamente opuestos a sus políticas. Otro ejemplo: existe la tentación de ampliar la gama de impuestos. Si lo hace contra las empresas, el gobierno pondría en jaque su deseo de acercarse a ese sector; un actor imprescindible ahora que perdió músculo financiero para seguir siendo el motor de la economía.

El margen político de maniobra le resulta, entonces, estrecho. Los indígenas y los sectores sociales organizados temen que Correa endurezca sus posiciones y no descartan mayor represión y uso de la fuerza. La pelota está en el campo presidencial que, con sorpresa, vio cómo una ficha inesperada entró al juego político: el petróleo, que tantos dólares y popularidad le prodigaron, se convierte en el elemento que este año amenaza, en forma directa e irremediable, su invulnerabilidad.

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