La crisis Venezuela-Colombia desnuda la región

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La crisis diplomática desatada por Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, contra Colombia, dejó ver la realidad de las instituciones regionales de América Latina: inoperancia de las tradicionales e inviabilidad de aquellas que se crearon bajo el influjo de Hugo Chávez, quien gobernó Venezuela de agosto de 2000 hasta su muerte oficial en marzo de 2013.

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Los hechos son conocidos:  el 19 de agosto, Nicolás Maduro  decidió expulsar a los colombianos de Venezuela y ordenó cerrar algunos puntos en la frontera. Según él, paramilitares colombianos atacaron a militares venezolanos durante un operativo anti contrabando.

Nueve días después, los dos países llamaron a consultas a sus embajadores. La tensión subió el 8 de septiembre cuando Venezuela envió 3000 soldados a Paraguachón, otro punto de la frontera que fue cerrado. En total, 1608 colombianos fueron deportados y 19 686 volvieron a Colombia por miedo de serlo. Testimonios recogidos, incluso por Luis Almagro, secretario general de la OEA en esa frontera, dieron cuenta de maltratados y destrucción de viviendas que crearon una verdadera crisis humanitaria. Las casas para ser demolidas fueron marcadas con una “D”, como hicieron los nazis.

Colombia, no obstante, no obtuvo los 18 votos necesarios para que la Organización de Estados Americanos (OEA), citara al Consejo de Cancilleres de los 34 países miembros. Ecuador votó en contra. Los gobiernos de Brasil y Argentina, aliados tradicionales del chavismo, se abstuvieron, junto con las pequeñas islas del Caribe que se beneficiaron con petróleo subsidiado por parte del gobierno venezolano.

Sin la OEA, lo lógico era pensar que los dos gobiernos pidieran a Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) mediar en esta crisis fronteriza. Este organismo, que suma doce estados miembros, se creó en 2008 y su tratado constitutivo se firmó en 2011. Se constituyó con gran impulso del chavismo para fomentar la integración regional. Sin embargo, Ernesto Samper, su actual Secretario General, despierta enormes dudas sobre su carácter neutral. Ex presidente de Colombia, acusado en 1994 de haber recibido dinero del cartel de Cali para su campaña presidencial, es un político a quien Estados Unidos retiró la visa. Sus críticos creen que eso explica su cercanía con gobiernos opuestos a Estados Unidos.

En todo caso, Unasur ha consolidado, durante su administración que empezó en agosto de 2014, la fama de ser un organismo totalmente parcializado. De esto ya se habló, por ejemplo, en 2008 durante la crisis de Pando, en Bolivia. O durante la destitución de Fernando Lugo del poder en Paraguay en 2012. Ahora Samper fue duramente criticado por todo el espectro político colombiano durante la crisis de la frontera. Al punto que en Quito estuvo, como representante de Unasur, en calidad de presidente pro témpore, el presidente de Uruguay, Tabaré Vásquez.

En los hechos, los bloques políticos impulsados por Cuba y Venezuela, para contrarrestar la influencia de Estados Unidos en la región, lograron paralizar los organismos regionales. José Miguel Insulza de paso por Quito, explicó, en una reunión off the record, la inoperancia de la OEA. Él, entonces Secretario General, debía obedecer a sus mandantes. Y según dijo había una división absoluta, casi matemática… Ni para un lado ni para el otro: la OEA estaba en un punto muerto. Esa confesión retrata la realidad de las instituciones históricas de integración latinoamericana que, contrariamente a lo que ocurre en Europa, no son supranacionales sino que dependen de la voluntad de sus estados miembros. Si se agrega el autoritarismo que, bajo la ideología del socialismo del siglo XXI animó Venezuela, se entiende la inoperancia absoluta a la que llegaron las instituciones regionales tradicionales.

El chavismo, cuya diplomacia se basó en su capacidad financiera, derivada de la bonanza petrolera, pudo incluso arrastrar a Brasil hacia decisiones que reñían con su credo democrático. La diplomacia brasileña, jugando en las grandes ligas mundiales, optó por no contrarrestar a Chávez. Ideológicamente estaba cerca del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT); tenía dinero luego favorecía la expansión económica y políticamente Itamaraty siempre lo consideró un fenómeno con fecha de caducidad. Dicho de otra manera, la retórica populista del chavismo y sus aliados estaba destinada a durar lo que durara la lluvia de petrodólares. Hoy Venezuela no solo perdió esa influencia: es el país con mayores dificultades económicas en la región y el peor dotado para encarar la crisis derivada de la caída de los precios de los commodities.

La inviabilidad de instituciones claramente políticas, creadas por Cuba y Venezuela, viene de ahí. Se ve en la merma que ha sufrido la Alianza Bolivariana (ALBA) que surgió en 2004 para oponerse al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). O en los cuestionamientos a la Unasur por parte de algunos gobiernos y amplias franjas democráticas de la región. María Corina Machado, por ejemplo, ha sido explícita en este punto. Basta leer las declaraciones de Ernesto Samper sobre la situación política en Venezuela para entender la deriva ideológica que anima a Unasur. Es evidente, entonces, que esos entes que nacieron como alternativa a los tradicionales no llenan, en forma alguna, el vacío institucional que se siente en la región.

La crisis fronteriza creada por el gobierno venezolano a Colombia es el más reciente ejemplo de esta falencia: Juan Manuel Santos aceptó que esa crisis fuera tratada en un marco prácticamente personal. Es verdad que Ecuador, que medió, ocupa la Presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Pero los entendidos saben que esa tarea emprendida por Rafael Correa, presidente ecuatoriano, tiene mucho más que ver con su perfil que con la historia, casi inexistente, de esa organización creada en 2010.

Correa tiene una buena relación personal con Santos y es el presidente más activo del bolivarianismo y uno de los más cercanos a Nicolás Maduro. Santos necesitaba neutralizarlo sin profundizar la crisis porque el presidente venezolano apoya las conversaciones de paz del gobierno colombiano con las FARC en Cuba. Maduro, por su lado, tras llevar la crisis a un terreno peligroso, requería calmar el juego con Colombia. De todas maneras, logró su objetivo: ganar tiempo puertas adentro porque la situación económica y política se torna insostenible y las elecciones parlamentarias están lejos: el 6 de diciembre entrante.

El concurso de circunstancias contribuyó para que, tras cinco horas de diálogo, Santos y Maduro acordaron tratar de solucionar, en siete puntos, la crisis fronteriza. Se logró entre amigos y con la presencia del presidente uruguayo, respetado por las partes. En ese punto está la región porque su institucionalidad jurídica y política es inoperante o es inviable.

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