Correa va por más impuestos y más deuda

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El terremoto que afectó Ecuador el 16 de abril, causando 659 muertos (cifra que ha ido creciendo) y miles de damnificados, agravó la carga impositiva a la población. El gobierno subirá dos puntos al IVA, que pasará de 12% a 14%, durante un año. Habrá una contribución, durante el mismo lapso, de 3% sobre las utilidades en las compañías y de 0.9% sobre patrimonios mayores a un millón de dólares. Las personas que ganan más de mil dólares aportarán un día de salario al mes. Esta medida es progresiva (dos días durante dos meses si gana 2000 dólares…) hasta 5000 dólares. Este paquete tributario fue enviado a la Asamblea Nacional el viernes 25 de abril con carácter de urgente. Es decir, debe ser tratado en un máximo de 30 días.

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Aún no se sabe el monto definitivo que logrará obtener el gobierno. La parte esencial provendrá del IVA que el año pasado representaba $500 millones por punto. Este año ha ido disminuyendo con la caída del consumo. Los cálculos optimistas dicen que este paquete tributario sumará $1.500 millones, pero los analistas económicos estiman que será menos. El gobierno anunció, igualmente, que tiene créditos de contingencia ya negociados con el BID, la CAF y el Banco Mundial por $600 millones.

Se suma el anuncio hecho por Fausto Herrera, ministro de Finanzas, que Ecuador solicitó una línea de Crédito al Fondo Monetario Internacional. Herrera dijo que lo hizo tras el terremoto. En realidad, las conversaciones se venían dando y una delegación importante del FMI había estado en Quito a inicios de abril. La visita se dio tres meses antes de lo habitual y se hizo en el marco del capítulo IV del FMI. Por supuesto, al gobierno de Rafael Correa le resulta políticamente conveniente explicar este retorno al Fondo como consecuencia del terremoto. Es un pretexto ideal para una decisión que lucía previsible tras la crisis económica que se desató después de la caída del precio del petróleo.
Correa no sabía cómo justificar su acercamiento al Fondo Monetario pues había convertido la ruptura en trofeo de guerra. El ministro Herrera no dijo a cuánto ascendería la línea de crédito, pero ya dio el tono de cómo manejará políticamente el gobierno la solicitud. A Diario El Comercio de Quito dijo que están “trabajando en esa línea sin condicionamientos”.

El gobierno de Rafael Correa suma así dos urgencias: el hueco fiscal, del cual no da una cifra consolidada, y la reconstrucción que sigue al terremoto y cuyo monto tampoco se conoce. En el primer caso, los analistas hablan de 10.000 a 12.000 millones de dólares; en el segundo, la cifra inicial –nada técnica– dada por Correa fue de $3.000 millones. Hay cálculos que bordean $8.000 millones.

El paquete tributario fue precedido por otro que la Asamblea votó el martes 26 de abril. En él aumentan las bebidas alcohólicas, los cigarrillos, las bebidas azucaradas… Si se suman las líneas de crédito de los multilaterales, se puede afirmar que el Gobierno de Correa cuenta con una bocanada de oxígeno que no tenía desde la bonanza petrolera. Lo ha conseguido sin efectuar recortes fundamentales de gasto público. Esto ha avivado las críticas de la sociedad ecuatoriana sobre todo en redes sociales que, por ahora, escapan a las retaliaciones gubernamentales.

Correa no ha achicado el Estado obeso que creó, no prescinde de gastos fastuosos ni de Secretarías de Estado que son premios para algunos de sus colaboradores. El más paradigmático en Ecuador es el de Freddy Ehlers, ministro del Buen Vivir. Su institución cuenta con funcionarios que meditan y se encargan de transversalizar la necesidad de ser feliz. Hay otros casos. La existencia, por ejemplo, de un ejército de troles, que el gobierno llama “soldados virtuales”, destinados a acosar y perseguir en las redes sociales a aquellos ciudadanos que mantienen puntos de vista independientes o abiertamente opuestos al régimen.

Las críticas están igualmente dirigidas a la pertinencia de crear nuevos impuestos en una economía recesiva que decrecerá, según el FMI, 4,5% este año. Las medidas anunciadas por el gobierno no buscan, en todo caso, reactivar la economía sino paliar el hueco fiscal e iniciar una reconstrucción que puede salvar del KO electoral al correísmo. Algunos analistas sospechan, en efecto, de que parte del paquete tributaria vaya directamente a la caja fiscal. Correa aupó esas sospechas al descartar que los fondos del paquete tributario vayan a un
fideicomiso. Tampoco ha dicho cuál es el monto total de la deuda externa que se incrementará con los compromisos contraídos con los organismos multilaterales.

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