Correa, líder autoritario y periodista de excepción

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El presidente Rafael Correa, que concentra todos los poderes, quiere dirigir también la prensa en Ecuador. Dos ejemplos recientes: Diario La Hora fue multado el 14 de mayo por no incluir, en sus páginas, el balance que un alcalde aliado del gobierno hizo de su gestión. Diario El Comercio de Quito tuvo que convertir, obligado, una verdad periodística en mentira oficial. No solo rectificó el contenido de una nota basada en una decena de documentos oficiales: tuvo que publicar el texto enviado por el Ministro del ramo que no aceptó que ese diario afirmara que el costo de un proyecto hidroeléctrico –Coca Codo Sinclair– pasaba de $2 245 millones a $2 851 millones. Para el gobierno no existe esa diferencia de 606 millones porque el IVA y los impuestos (entre otros costos adicionales) vuelven al Estado…

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La rectificación impuesta, bajo amenaza administrativa, la redactó el gobierno y tuvo que ser publicada hasta con el diseño y las fotografías enviadas. ¡“Algo está cambiando –dijo Correa sobre esa rectificación– gracias a la Ley de Comunicación!”. Es precisamente con esa ley, votada el 15 de junio de 2013, que el gobierno creó entes (Supercom y Cordicom) encargados de acosar, enjuiciar, multar y perseguir a los medios de comunicación que hacen su trabajo. El objetivo es lograr el control ideológico de la información. Paralelamente, el gobierno maneja un pool de una veintena de medios (doce nacionales) y permite a Ángel González, un magnate mexicano amigo, radicado en Miami, controlar 16 medios en Ecuador...

Desde su llegada al poder en 2007, Correa convirtió la prensa en su mayor enemigo. Los ataques son sistemáticos y erigidos en política de Estado. Cada sábado, el Presidente reserva una parte de un monólogo de cerca de 3 horas a la prensa: se burla de su trabajo, insulta a los periodistas (sus epítetos suman casi 200), rompe periódicos, da órdenes a los entes de control para que procedan contra los medios de comunicación… Rafael Correa no los clausura. Tiene otros mecanismos de hostigamiento y desprestigio. Los acosa administrativamente para complicar su labor y menguar sus economías buscando llevarlos a la quiebra. En este punto, ha convertido la publicidad oficial en una herramienta de premio o castigo. Los denigra ante la ciudadanía convirtiéndolos en actores políticos y defensores de sectores de la economía o de la política completamente desprestigiados. Los enjuicia –también a los periodistas– ante cortes que él controla: se recuerda la sentencia por $40 millones y tres años de cárcel contra los directivos de diario El Universo y el periodista Emilio Palacio, hoy exilado en Estados Unidos. Un artículo de opinión de Palacio, “No a las mentiras”, suscitó esta demanda que, en un principio, Correa hizo por $80 millones. Tras obtener satisfacción en la Corte Nacional de Justicia, el Presidente perdonó a los sentenciados…

The president Rafael Correa.

El presidente Rafael Correa rompiendo el diario ecuatoriano La Hora.

Ahora el régimen incrementó otra política contra los medios de comunicación: hacer cadenas nacionales (los canales de Tv. y las radios deben difundirlas) para responder críticas, o cadenas particularizadas contra el medio incriminado. Estas se transmiten interrumpiendo la programación a la hora que el poder decida.

La Superintendencia de la Información y Comunicación (Supercom) y el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación (Cordicom) han producido 113 sanciones a medios y periodistas desde la aprobación, hace dos años, de la Ley de Comunicación. Este dato, monitoreado por Fundamedios, incluye multas económicas, rectificaciones forzadas y disculpas públicas que deben ser pedidas por el principal responsable del medio. Las debe publicar en el soporte impreso y subirlas al sitio Web donde deben permanecer –como es el caso de El Comercio–, durante siete días.

113 sanciones no dan cuenta del trabajo afanoso de centenares de funcionarios que, cada día, bombardean a los medios con pedidos de rectificación de todo tipo. Hasta hace unos años, Rafael Correa justificaba esta sistemática empresa de amordazamiento de la prensa, aludiendo a una supuesta pésima calidad del periodismo ecuatoriano. Pero, tras haberse extendido las críticas en países vecinos, incluyó en su afirmación a todo el periodismo de América Latina…

El Presidente ecuatoriano no solo quiere castigar y desprestigiar al periodismo independiente. Ahora quiere, mediante sus entes de control, dictar los contenidos. Le acaba de ocurrir a La Hora. Ese diario nacional con ediciones en una decena de provincias, no publicó la rendición de cuentas del Alcalde de la ciudad de Loja, al sur de Ecuador. Una vez al año, los altos funcionarios del Estado y de los poderes locales deben cumplir con esta obligación constitucional.

Esas ceremonias que el correísmo promociona como muestras de transparencia y participación ciudadana son, en realidad, actos de auto elogio. Los funcionarios hacen –en la mejor tradición notarial– un recuento mejorado de su gestión. Y lo hacen ante invitados escogidos que, tras un par de horas de tedio, se deleitan con bocaditos, vino y tarimas para los artistas que calientan la soirée. Algunos funcionarios han exagerado de tal manera y suscitado tantas críticas que Correa acaba de prohibir la contratación de artistas…

Pues bien: La Hora no difundió el acto oficial que el alcalde de Loja, José Bolívar Castillo, realizó el 23 de febrero pasado. Y él, muy ofuscado de no verse en el diario, lo denunció ante la Supercom que lo multó con 3 540 dólares y lo condenó a pedir públicamente excusas a ese funcionario, amigo del Presidente y aliado de su gobierno. La Supercom consideró que el diario ejerció “censura previa” en un acto que considera “de interés público”. A raíz de este caso, Carlos Ochoa, titular de la Supercom, decidió que los medios deben difundir las rendiciones de cuentas de los 221 alcaldes que hay en Ecuador… Y que deben contar con los periodistas necesarios para cubrir toda “la información de relevancia pública”.

¿Quién califica ese tipo de información? Ese ente. Lo más curioso, en estos casos de tinte surrealista, es que en ninguna parte esos organismos han codificado lo que entienden por “información de interés público”. Pero hay antecedentes que permiten colegir lo que esto acarrea para la prensa: promocionar todos los actos del poder, sus celebraciones, sus discursos, su auto elogio…

Los extintos diarios Hoy y revista Vanguardia.

El Presidente Correa se propuso, una vez en el poder, acabar con los medios de comunicación que no son funcionales a su proyecto autoritario: ha conseguido que unos cierren (Revista Vanguardia, diario HOY), que algunos trabajen con abogados en sus redacciones, que otros se autocensuren, que periodistas importantes pierdan su trabajo… Y, ahora, para los medios que quedan, ha decidido dictar los contenidos editoriales a través de verdaderos tribunales de la inquisición.
Nadie para el progreso en Ecuador.

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